martes, 1 de junio de 2010

Tardes de verano.

He salido de la ducha y tenía la piel de los dedos arrugada, me ha recordado a mi infancia en la piscina, era la más feliz del mundo, no necesitaba nada más para pasarme entretenida las tardes de verano, y no había nadie que me sacará de alli.
¿Sabes? Y ahora me cuesta meterme, es verdad, prefiero estar tomando el sol, y la piscina a penas la piso.
Entonces es cuando él no lo soporta, se mete en la piscina porque quiere sofocar el calor de los días de a mediados de agosto, quiere refrescarse, pero una gran parte de su cuerpo le pide a gritos ese calor que yo puedo darle.
Sale del agua, viene y me coje, me lleva hacia la piscina mientras yo pataleo y chillo, y me tira y disfruta como un puto enano quitandome la ropa.
Y nos perdemos debajo del agua...

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